Gracias a la excelente newsletter de Alex Rayón Jerez me entero de que Google ha adquirido vía subasta - superando en la puja a la compañía de Inteligencia Artificial Mercor [web oficial] - es la empresa quebrada Spirit Airlines....bueno, no exactamente. Lo que ha comprado Google en concreto es la información/documentación que la empresa generó a lo largo de su vida. Esto supone, por ejemplo:
alrededor de 100 millones de emails, 500 millones de elementos de Microsoft Teams, millones de archivos en OneDrive y SharePoint, datos operativos, documentos laborales y hasta repositorios de código.Añadamos 30 millones de llamadas telefónicas grabadas e información de Oracle y SAP.
¿ Y para qué quiere Google esta información? Pues para entrenar a su IA. Y los datos de un empresa real son un excelente "gimnasio" para ellas. Poder analizar, por ejemplo, los correos que se enviaron/recibieron para tramitar una incidencia puede ayudar a diseñar procedimientos eficientes de BackOffice. Por ejemplo, cómo gestionar la pérdida de equipaje.
Pero Alex hace la pregunta del millón:
Para mí, aquí aparece una pregunta jurídica y ética enorme: ¿quién es dueño de la conversación corporativa cuando la empresa desaparece?Y no va desencaminado. Aunque la información personal - 3,4 millones de registros de nóminas, 80 000 cuentas de correo electrónico y datos de empleados que se remontan a 1986- se eliminará antes de ser entregada a Google , la Asociación de Auxiliares de Vuelo-CWA (AFA) pone sus reparos legales.
El debate sobre la privacidad corporativa y los límites del entrenamiento de las IAs no ha hecho más que empezar.
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